COLECCIÓN TIEMPO PARA LA ALEGRÍA.


Título: Un Hidalgo.

 

Editada por: Rafael Casariego 1977.

 

Obras: 11 grabados de Javier Clavo.


Artista: Javier Clavo.

Textos: Azorín.

 

Técnica: Puntaseca.

Edición: 195 ejemplares + XXV.

Ejemplar: III/XXV.

 


La COLECCIÓN TIEMPO PARA LA ALEGRÍA se vende en su conjunto, no se venden tomos sueltos. Para comprar la colección completa haga una oferta.

 

 

Entre los pintores de alto rango elegidos por Casariego, elevadores, a su vez, del rango de la colección, está el pintor Javier Clavo, escultor, y además, maestro en diversos procedimientos gráficos. En el libro "Un Hidalgo" reúne el editor a un estilista eximio, Azorín, con este plástico, uno de los más ambiciosos del arte contemporáneo español, sumando el nombre de Rafael Pérez Delgado, autor del prólogo. Las puntasecas que configuran el libro avalan la capacidad de Clavo como dibujante, la seguridad de unos trazos reveladores de su inconfundible estilo.

 

Obras incluidas en este libro de grabados:

             

1.- Retrato de Azorín, Puntaseca, mancha 35 x 24,5 cm., soporte 49,5 x 37,5 cm.

           

2.- Prefacio de Un Hidalgo, Puntaseca, mancha 35 x 24,5 cm., soporte 49,5 x 37,5 cm.

             

3.- Un Hidalgo, Puntaseca, mancha 35 x 24,5 cm., soporte 49,5 x 37,5 cm.

 

4.- Un Hidalgo, Puntaseca, mancha 35 x 24,5 cm., soporte 49,5 x 37,5 cm.

 

5.- Un Hidalgo, Puntaseca, mancha 35 x 24,5 cm., soporte 49,5 x 37,5 cm.

             

6.- Un Hidalgo, Puntaseca, mancha 35 x 24,5 cm., soporte 49,5 x 37,5 cm.

             

7.- Un Hidalgo, Puntaseca, mancha 35 x 24,5 cm., soporte 49,5 x 37,5 cm.

 

8.- Un Hidalgo, Puntaseca, mancha 35 x 24,5 cm., soporte 49,5 x 37,5 cm.

 

9.- Un Hidalgo, Puntaseca, mancha 35 x 24,5 cm., soporte 49,5 x 37,5 cm.

 

10.- Un Hidalgo, Puntaseca, mancha 35 x 24,5 cm., soporte 49,5 x 37,5 cm.

 

11.- Un Hidalgo, Puntaseca, mancha 35 x 24,5 cm., soporte 49,5 x 37,5 cm.


Un Hidalgo


Javier Clavo (Madrid, 1918 - 1994)De niño se trasladó con su familia a Valencia y frecuentó la Escuela de Artes y Oficios donde aprendió los primeros rudimentos de la pintura de manos de paisajista Bellver del Más. Tras su regreso a Madrid pinta, sobre todo, máquinas imaginarias de probable ascendencia italiana -de allí llegaban las novedades artísticas, a la vez que trabajaba como decorador de cine. En 1951 viajó por Italia, experiencia que marcó de forma indeleble su posterior trayectoria artística: por una parte, hay un enriquecimiento técnico en Roma, su amigo, el pintor Saetti, le inicia en la técnica del fresco y aprende la del mosaico en Rávena; por otra, se produce en su pintura un giro temporal hacia la abstracción. De vuelta a España, y tras participar en algunas muestras de vanguardistas abstractos, realiza decoraciones murales. Pero Clavo ha sido ante todo un pintor prolífico, en cuyas obras se rastrean las más diversas influencias, desde Picasso y Goya, para sus escenas de la guerra y el apocalipsis, a Matisse y Bonnard en los desnudos, o El Greco en sus vistas de Toledo. Aunque su paleta se adecuó al tema representado, en su obra predominan sobre todo los colores vivos y brillantes, que aplicó con gran versatilidad técnica. Estilísticamente se movió entre el postcubismo de Vázquez Díaz, el expresionismo y la abstracción.

Su fuerte personalidad de «genio solitario» impidió que se uniese a los pintores que formaron la Escuela de Vallecas, pese a que no existían grandes diferencias en el espíritu renovador que los animaba a todos. Y fue este espíritu propio que siempre lo caracterizó, el que le hizo navegar y elaborar una personalísima concepción del arte: “Mi vida ha estado dedicada al trabajo del arte -decía-, y es esto tan paradójico, que hacer arte no lo he considerado nunca un trabajo. He tratado de buscar pureza en mi obra: el dibujo exacto, la nota justa. Lo grandioso en arte sólo se consigue con el tiempo y un estudio constante y callado. No despreciemos la enseñanza que los maestros nos dejan, y creed: es lo hermoso callado, ante lo estridente efímero». Desde 1930, cuando expuso por primera vez en sortario en la Sala Vizcaíno de Valencia, más de treinta muestras individuales y casi cuarenta exposiciones colectivas mostraron paso a paso la evolución de este polifacético artista, al que el Centro Cultural de la Villa de Madrid dedicó en el año 90 una retrospectiva. Joaquín Fanjul de Alcocer, comisario de esta retrospectiva, definía así a Javier Clavo: «Un hombre muy complejo, contradictorio consigo mismo como todas las personas excepcionalmente inteligentes. Profundamente bueno. Cultísimo, con ideas claras y persistentes, pero no impenitente; cambia de opinión porque sí, como todo autocrítico. Tímido, solitario. Arisco, dulce, práctico y romántico. Cauto y vehemente. Locuaz y silencioso. Siempre impaciente. Efervescente en defensa de su verdad. Insoportable para los Instalados en cualquier posición o poder». Para Rafael Casariego «la principal apoyadura de las puntasecas de Clavo es la pureza de la línea, consecuencia de su talento de artista de raza con una sensibilidad y una forma de dibujar infrecuentes en nuestro días». En opinión de Jorge Larco, «sus personajes líricos o dramáticos, se sitúan siempre dentro del concepto expresionista que rige toda su labor Ingente, expresionismo fraterno al de Tamayó, Sutherland y al de ciertos aspectos últimos de Picasso, pero sin claudicar de su personal autenticidad ni de sus arraigadas convicciones». Con la muerte de Javier Clavo ha desaparecido, en opinión del mundo del arte, un artista vitalista y trabajador para el que los temas nunca se agotaban: «Es mucho siempre lo que queda por decir y cómo decirlo -señalaba-, Ver nacer la idea en el cuadro una y otra vez de un modo distinto es uno de los apasionantes regalos que el arte puede damos». 

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