Título: EL PUENTE DE LA ESPADA.

 

Editada por: AHORA Ediciones de Bibliofilia en el año 2.002.

 

Edición bilingüe: Español-Inglés.

Prólogo de: Arturo Pérez-Reverte.

 

Textos: poemas inéditos de Luis Alberto de Cuenca.

 

Páginas: 80

Estuche Medidas: 44 x 32 x 3,5 cms.

Diseño: Pedro Manzano

Con 6 grabados de Eduardo Úrculo, firmados a mano con lápiz por el artista y numeradas por el editor.


Técnica: Serigrafía.


Edición: 295 ejemplares + 60 ejemplares en números romanos del I al LXX

6 ejemplares para deposito legal, 12 ejemplares de A a L para colaboradores.

 

Ejemplar: VIII.

 

 

 

 

 

 

Obras incluidas en este libro de grabados:

             

1.- El Puente de la Espada Serigrafía de  43 x 31 cms.

 

2.- El Puente de la Espada Serigrafía de  43 x 31 cms.

 

3.- El Puente de la Espada Serigrafía de  43 x 31 cms.

 

4.- El Puente de la Espada Serigrafía de  43 x 31 cms.

 

5.- El Puente de la Espada Serigrafía de  43 x 31 cms.  

 

6.- El Puente de la Espada Serigrafía de  43 x 31 cms.

 

La sed inextinguible: El Puente de la Espada

 

      En el diario El País, el redactor de turno se sorprendía del hecho de que una editorial que sólo había publicado la exigua cifra de cuatro libros, y únicamente con dos años de vida a sus espaldas, hubiera alcanzado, en tan escaso tiempo, ese alto nivel de aceptación por parte de la crítica y del público más exigente. Sin contar con el entusiasmo de los artistas, críticos y profesores que participaban, o estaban a punto de hacerlo, en este proyecto.

      Este es el momento en el que, si se me permite, un servidor entra a formar parte de la historia que, acaso torpemente, aquí se relata. Nada sabía de la existencia de Ángel Pina, excepto por las informaciones, que una y otra vez, aparecían en los periódicos locales y nacionales. Admiraba mucho su carácter emprendedor y ese empeño, casi cerril, de sacar a adelante un proyecto que tenía mucho de romántico y más de catástrofe económica.

      En noviembre de 2002 tenía previsto celebrar un congreso internacional dedicado a la obra periodística y literaria de Arturo Pérez-Reverte, que, ya por entonces, se había convertido en el escritor en lengua española más leído en todo el mundo. Un novelista cuyas obras no sólo contaban con el favor de un público amplio y heterogéneo, entusiasta y entregado, sino también el de unos críticos que, según era costumbre desde tiempo inmemorial, solían atacar con extremada dureza a esos autores que lograban vender cientos de miles de libros, convirtiéndose sus obras en auténticos best-sellers.

      Ángel Pina acababa de reunir en un mismo proyecto a Eduardo Úrculo, Luís Alberto de Cuenca y Arturo Pérez-Reverte. El uno como pintor, el otro como autor de unos textos poéticos inéditos, y el tercero de ellos, como prologuista, demostrando así la amistad sincera entre ellos. No tuve inconveniente alguno en que la obra, ya flamantemente editada, de una belleza y una calidad que saltaba a la vista, fuera presentada durante el congreso. Úrculo, Pérez-Reverte, Luís Alberto y Ángel ya habían prometido no faltar a la cita. Pero a última hora, dos o tres días antes del evento, recibí una llamada del pintor. Acababa de regresar de un largo viaje por China y Japón y se encontraba, como se adivinaba en su voz, verdaderamente cansado. No me quedó otro remedio que animarle a que no viajara a Murcia. Después de todo, era el único de los tres que nada tenía que ver con el congreso. No mucho después me enteré de su repentina muerte, cuando sólo contaba con 65 años de edad. Me quedé sin poder conocerlo. Aún no he borrado en mi móvil su número de teléfono. Úrculo, de cuya desaparición se hicieron eco todos los noticiarios, iba a colaborar en dos nuevos libros de Ahora: Las Mil y una Noches y una obra, aún no perfilada del todo, sobre Nueva York, ciudad que le fascinaba.

      Ahora seguía sorprendiéndonos a todos. Parecía imposible poder superar lo ya realizado, encontrar nuevos artistas que quisieran someterse a este experimento de bibliofilia. La prensa se hacía eco de este acontecimiento con titulares más cercanos a las páginas deportivas que a las culturales: “La editorial murciana Ahora ficha a Úrculo”. Había sido uno de los grandes exponentes de la pintura pop en España. Un retratista singular del ser humano itinerante a base de símbolos, como los sombreros y las maletas. También se definió a sí mismo como “militante inevitable de la figuración”. Ángel Pina no era un desconocido para Úrculo. En 1978 el pintor de Santurce había realizado una amplia y completa exposición individual en la galería de Pina con un título ciertamente provocador para la época, en plena Transición: “De culis monumentalibus”, con delicados desnudos femeninos y vacas por doquier mostrando sus voluminosos y exuberantes atributos.

      Arturo Pérez-Reverte llevó a cabo un prólogo ortodoxo y casi profesoral, más didáctico que nunca, demostrando así que, aunque novelista de raza y periodista combativo, la poesía no le era del todo ajena. Su texto, al inicio, no podía ser más cálido, más contundente: “Si algo me gusta de Luis Alberto de Cuenca –y tal vez por eso es mi amigo– es que sigue creyendo en la infancia como memoria, en los héroes cansados y en el amor como refugio frente al frío que hace ahí afuera”. Los poemas de Luís Alberto de Cuenca reflejan fielmente la genialidad de su autor: “Sólo el mar, y esta sed inextinguible,/ y un montón de cadáveres a bordo,/ y la ausencia de Dios”. El propio escritor llegó a declarar que se trataba de una de las empresas más hermosas en las que había participado en el mundo de la edición. Un buen ramillete de poemas inéditos, marca de la casa, arropados por media docena de serigrafías de Úrculo, quien, en el acto de presentación que tuvo lugar en Madrid, dijo sentirse orgulloso de su trabajo, calificando a la editorial de “aventura romántica”.

 

José Belmonte Serrano

Universidad de Murcia

Fragmentos del catálogo LIBROS CON ARTE

Comunidad Autónoma de Murcia (Marzo 2007)

 

      Si algo me gusta de Luís Alberto de Cuenca  (y tal vez por eso es mi amigo) es que sigue creyendo en la infancia como memoria, en los héroes cansados y en el amor como refugio frente al frío que hace ahí afuera. También cree en la poesía; pero eso me importa menos, puesto que de poesía, fuera de un par de sonetos de Quevedo, Sor Juana o Garcilaso, nunca tuve la menor idea. En lo que se refiere a Luís Alberto, hace mucho tiempo que leo sus poemas, y (para mi sorpresa), siempre me quedan colgados en algún rincón, por dentro. Como la tierra húmeda después de la lluvia, o las hojas que todavía se mueven en las ramas de árboles otoñales y desnudos. Y lo cierto es que soy el primer sorprendido. En realidad, mi truco consiste en ponerme delante de esos poemas como si fueran prosa. Los leo moviendo los labios, como los niños y los casi analfabetos. Y cada vez, indefectiblemente, ocurre el milagro. La prosa se vuelve poesía, y por ahí ando, con todos mis resabios y mi falta de gusto poético a cuestas, creyéndome lo que leo.

      A lo mejor también es eso. Que me lo creo. Que reconozco a Susana cuando la acecho de lejos (nunca pensé que ese momento de mi vida llegaría), y entiendo el silencio que aquella otra mujer maneja como arma, y sé dónde anidan los bárbaros, y también yo tengo –¿qué hombre lúcido no las tiene?– las manos manchadas con sangre del albatros del viejo marinero. También sé algo de las ironías de Dios y de los horrores inexplicables con que los astros concluyen cada año. Y, como el autor mismo de estos poemas, soñé con que Ella me observara batiéndome al otro lado del Puente de la Espada, y fui feliz en una casa llena de flores y de libros prohibidos, aprendiendo a pronunciar palabras que después tal vez nunca dije.

      Por eso escribo estas líneas. Porque creo en lo que ha escrito un amigo, y porque me honra su invitación para acompañarlo, aunque sólo sea un corto trecho del camino (tarde o temprano todos caminamos solos), en el mensaje metido en esta botella de tinta y papel. En el jardín cerrado donde florecen los recuerdos y los sueños.

 

Arturo Pérez-Reverte

Prólogo para el libro “El Puente de la Espada”

 

 ¿Quién ha soñado el Puente de la Espada?

 Una niña de apenas quince años.

 El chico que la amaba, el compañero

 de clase que le daba sus apuntes

 para ahorrarle fatigas, el imberbe

 muchachito feliz que la invitaba

 al cine y la cogía de la mano

 cuando le daba miedo la película,

 ese chico lograba atravesar

 el diabólico Puente y, malherido,

 llegaba a la otra parte, mientras ella

 gritaba inútilmente: “¡Vuelve, vuelve!”,

 con el llanto velándole la cara.

 Una niña de apenas quince años

 ha soñado, a su modo, el mito artúrico

 del Puente de la Espada: la distancia

 que la separa de su novio, el filo

 que penetra en la carne, la figura

 del chico malherido al otro lado...

 Rota de soledad, la niña sabe

 que sólo si supera aquella prueba

 será feliz, de modo que se arroja

 a la cuchilla, que implacablemente

 va llagando sus manos y sus pies

 y ulcerando sus articulaciones.

 Y cuando, con el cuerpo destrozado,

 perdiendo sangre a borbotones, llega

 al otro lado del maldito Puente,

 no hay nadie allí.

 La niña se despierta

 sobresaltada, bebe un sorbo de agua,

 se abraza a su muñeco preferido

 y se vuelve a dormir.

 

Luís Alberto de Cuenca

Poema publicado en el libro "El Puente de la Espada"

 

 

El Puente de la Espada

 

Eduardo Úrculo (Santurce, Vizcaya, 1938 – Madrid, 2003). Pintor y escultor español, afincado en Asturias, estudió en Colunga. Fue uno de los mejores exponentes del arte pop en España.

En 1941, los problemas económicos que padecía la familia hacen necesario su traslado a la localidad asturiana de Sama de Langreo, que ofrecía oportunidades gracias a la cuenca minera asturiana.1 Tras unos cortos estudios medios iniciados en 1948 y abandonados cuatro años más tarde, se ve obligado por las circunstancias familiares a ponerse a trabajar como ayudante de topografía en una empresa minera. Esos años hicieron nacer en Eduardo el interés por el dibujo y le permitieron conocer la obra de pintores como Henri de Toulouse-Lautrec, Vincent Van Gogh o Amedeo Modigliani.

En 1954, cae enfermo de hepatitis, cosa que le obliga a permanecer en cama mucho tiempo, el cual emplea al estudio del dibujo y la pintura. Cuando repuesto se incorpora a su trabajo, inicia también una nueva faceta como pintor, utilizando las casas, los recovecos y las calles de su villa adoptiva. Toda la experiencia acumulada y los trabajos realizados le llevaron a su primera exposición individual, que tuvo lugar en 1957 en el vecino pueblo de La Felguera (Asturias).

Es a partir de esta exposición y de comenzar a dibujar cómics para el suplemento dominical del periódico asturiano “La Nueva España” en 1957, que consigue, del Ayuntamiento de Langreo, una beca que le permite trasladarse a Madrid, para asistir a clases en el Círculo de Bellas Artes y en la Escuela Nacional de Artes Gráficas. Este tiempo de residencia en Madrid lo emplea en pintar el pobre ambiente de las fábricas y los suburbios con una clara intención de denuncia. Los críticos han considerado que esta etapa en la obra artística de Úrculo es una etapa de “pintura social» o «expresionismo social».

En 1959 Eduardo consigue uno de sus sueños, viajar a París, donde además de recibir clases en La Grande Chaumière de Montparnasse, pudo visitar los grandes museos y exposiciones de arte de la capital francesa. Es en este momento cuando expone su obra “Mineros de Asturias” en París.

De vuelta en Oviedo, en el mismo año 1959, conoce a Jesús Díaz Zuco, con quien comparte un estudio en Oviedo y trabajan juntos en obras tales como el mosaico en gresitte de 35 metros cuadrados para la empresa Alsa. También en 1959, participa en una exposición colectiva al aire libre, celebrada en La Escandalera de Oviedo por el grupo La Estrada en la que participan también María Antonia Salomé, Merche Gómez Morán, Jesús Díaz y Adolfo Bartholomé.

En 1960 tiene que hacer el entonces obligatorio servicio militar, lo cual le supone conocer primero el Sahara Occidental y después las Islas Canarias, donde conoció y trabó amistad con el artista surrealista Eduardo Westerdahl, que además le influyó a la hora de pintar una serie de obras abstractas que constituirán las únicas de su carrera.

En 1961 expone en Marbella y conoce a Jean Cocteau, y también participa en la muestra Testimonios del arte abstracto que organizaba Eduardo Westerdahl en el Círculo de Bellas Artes de Tenerife.

Ese mismo año regresa a Madrid donde trabaja en la sección de fimlets de los estudios Moro. También viaja nuevamente a París donde coincide con Maud y Westerdahl, conociendo a Alberto Giacometti,Man Ray y Max Ernst en una exposición de Tal Coat en la galería Maeggth.

En 1963 expone en la Galería Quixote y regresa a Madriddonde se dedica a ilustrar cuentos que se publican en la Revista Triunfo y a realizarla escenografía de la obra teatral de Lauro Olmo, “La Camisa” que se estrenó en Gijón interpretada por el grupo de cámara La Máscara.

En febrero de 1962 volvió de nuevo a París, donde volvió el expresionismo figurativo y a los temas de fondo social que le habían caracterizado en sus inicios.

Se casó en primeras nupcias con la francesa Annie Chanvallon, con quien tuvo un hijo, Yoann.

En 1966, tras una crisis creativa que le supone el abandono de la «pintura social», se instala en Ibiza.

Esta fase crítica termina cuando en un viaje que realiza en 1967 por el norte de Europa, cuando expone en Copenhague, viaja a Alemania, Dinamarca y Suecia. Es entonces cuando descubre la obra de Andy Warhol, Roy Lichtenstein y Robert Rauschenberg entre otros, de modo que el nuevo lenguaje creativo que buscó en Ibiza lo encontró en Suecia1 y tiene también sus primeros contactos con el pop-art americano, exponiendo en San Francisco (California) y más tarde en Oviedo (en la galería Benedet).

En 1968, participa en la Primera Bienal de la pintura asturiana celebrada en Gijón. Vuelve a Madrid en el mismo año, mientras que en 1969 expone en Frankfurt y en la galería Altamira de Gijón; participa también en la muestra colectiva Figurative painters in Spain Today que recorre los Estados Unidos.

En 1970, realiza una colectiva con sus amigos Eduardo Sanz y Alberto Gómez, en la Galería Ivan Spence. También participa en la Bienal Hispanoamericana de arte, pero su obra es retirada en Medellín-Colombia por considerarla un atentado a la moral a¡y a las buenas costumbres.

Entra a partir de este momento a seguir las pautas del pop art, abandonando para ello el óleo por el acrílico y comenzando a utilizar una paleta de colores mucho más cálida, aproximándose al mundo de la publicidad y el cómic. Temáticamente se produce una evolución siendo el centro el cuerpo femenino, tanto entero como fragmentado y representado sugerentes posiciones, lo cual hizo que se considerar esta etapa de su creación artística como la “época erótica”.

En 1975 y al tiempo que su mujer está embarazada, Eduardo amplió y enriqueció su repertorio iconográfico con un nuevo elemento, la vaca, que va a ser símbolo de fertilidad y maternidad.

En la década de los 80 la temática cambia, la soledad del hombre moderno, la figura del viajero errabundo o la relación del artista con su obra, son ahora plasmadas en el lienzo utilizando para ello inquietantes personajes, que son representaciones del propio artista, aunque con indumentarias curiosas (con sombrero) y posiciones siempre de espaldas al espectador.

En 1984 comienza a trabajar el bronce para realizar sus primero pasos en la escultura, y que expuso en 1985 en la feria de arte contemporáneo Arco. De este modo y con el comienzo de la década de los 90, Eduardo Úrculo, va trabajando con mayor relevancia la escultura que la pintura (la cual, por otra parte, no abandona nunca). Para trabajar utiliza normalmente como material el bronce fundido, y su repertorio se llena de ciertas imágenes muy representativas de su obra: sillas vacías, maletas, paraguas, sombreros, etc.

De sus obras escultóricas, las más conocidas son aquellas que pasan a ser “esculturas urbanas” de las ciudades que las encargan, como ocurre por ejemplo con: “El viajero” (1991), en la Estación de Atochade Madrid; “Homenaje a Santiago Roldán” (1993), en los jardines de la Villa Olímpica de Barcelona; “El regreso de Williams B. Arrensberg” (1993), en Oviedo, o “Exaltación de la manzana” (1996), en el parque Ballina de Villaviciosa.

También en sus últimos años de creación artística se inclinó por la temática oriental, centrando el protagonismo la figura de la geisha, la cual no es representada desnuda, como en su época erótica, sino ataviada del tradicional kimono, el cual se utiliza como pretexto para proyectar juegos compositivos geométricos y rítmicos.

El 31 de marzo del 2003 sufre un ataque al corazón mortal, cuando en compañía de su segunda esposa, Victoria Hidalgo, asistía a un almuerzo en la Residencia de Estudiantes de Madrid.

La crítica considera a Eduardo Úrculo como el impulsor del pop art en España y uno de sus máximos representantes, junto con el desaparecido Equipo Crónica.

Eduardo Úrculo se trasladó a Asturias, donde estudió en el instituto de Sama (Langreo). Fue en ese mismo municipio donde realizó su primera exposición, en el Hogar del Productor de La Felguera en 1957. Participó en la I Bienal de Arte Ciudad de Oviedo Sus últimas exposiciones individuales tuvieron lugar en la Fundación Marcelino Botín de Santander y en la galería Teresa Cuadrado, de Valladolid (2000).

Como escultor, realizó la obra Equipaje de ultramar, en la Plaza de los Paragüitas de Puerto del Rosario, Fuerteventura (2000).

En Langreo existe una pinacoteca con su nombre, y en 2009 se inauguró el Centro Cultural Eduardo Úrculo en Madrid.

 

Exposiciones individuales

 

1957

“Hogar del Productor”, La Felguera, Asturias.

1958

Ateneo Jovellanos, Gijón, Asturias.

1959

Sala Cristamol, Oviedo.

Caja de Ahorros, Ronda, Málaga.

1961

Instituto de Estudios Hispánicos del Puerto de la Cruz, Tenerife Ateneo de la Laguna, Tenerife.

Casino de Marbella, Málaga.

Casino de La Felguera, Asturias.

Casa Municipal de Cultura de Avilés, Asturias.

Sala Cristamol, Oviedo.

1963

Hotel Saboya, Gijón, Asturias.

Galería Quixote, Madrid.

1964

Sala Cristamol, Oviedo.

Galería Benedet, Oviedo.

1965

Galería Quixote, Madrid.

1966

Galería Quixote, Madrid.

Sala de Exposiciones de la Obra Social y Cultural de la Caja de Ahorros de Asturias, Oviedo, Gijón, Avilés y La Felguera.

1967

Galería Kompagnistraede 20, Rúa.

Galería Benedet, Oviedo.

1968

Galería Ivan Spence, Ibiza.

Sala de Exposiciones de la Obra Social y Cultural de la Caja de Ahorros de Asturias, Sama de Langreo.

1969

Galería V. Oertzen, Frankfurt.

Galería Altamira, Gijón, Asturias.

Sala de Exposiciones de la obra Social y Cultural de la Caja de Ahorros de Asturias, Gijón.

Galería Grises, Bilbao.

1970

Galería Nogal, Oviedo.

Galería Ivan Spence, Ibiza.

Museo Español de Arte Contemporáneo, Madrid.

1971

Galería Val i 30, Valencia.

Galería Tassili, Oviedo.

1972

Galería Kreisler, Madrid.

1973

Galería Veranneman, Bruselas.

1974

Galería Sen, Madrid.

1975

Galería Tassili, Oviedo.

1976

Galería Calidoscopio, Zamora.

1977

Galería Multitud, Madrid.

1978

Galería Rúa, Santander.

Galería Acto, Murcia.

Galería Tassili, Oviedo.

1979

Galería Sen, Madrid.

1980

Galería Leyendecker, Tenerife.

1982

Caja de Ahorros de Asturias itinerante por Oviedo, Gijón, Avilés, Mieres, La Felguera y Sama de Langreo.

Galería Hidea, Santiago de Compostela.

1984

Galería Alençon, Madrid.

1985

Casa Municipal de Cultura de Avilés, Asturias Sala Muriel, Zaragoza.

1986

Banco de Crédito Industrial, Gijón.

1987

Galería Sen, Madrid..

1990

Galería Sen, Madrid.

1991

Fundación Caixa Galicia, La Coruña.

Galería Tioda, Gijón.

Galería Aritza, Bilbao.

Galería Sen, Madrid.

1992

Galería Tretze, Castellón.

Sociedad Económica de Amigos del País, Málaga.

1993

Casa Municipal de Cultura, La Felguera, Asturias.

1994

Centro de Arte Moderno Ciudad de Oviedo.

Galería 4. 17, Madrid.

Caja España, Zamora.

1995

Galería Duero, Gijón, Asturias.

Galería Sen, Madrid.

Galería Aritza, Bilbao.

Colegio Oficial de Arquitectos de Extremadura, Cáceres.

1996

Galería Rosalía Sender, Valencia.

Sala Pescadería Vieja, Ayuntamiento de Jerez.

1997

Instituto Cervantes, París.

Centro Cultural de la Villa, Ayuntamiento de Madrid.

Caja Pamplona, Pamplona.

1998

Caja San Fernando, Sevilla.

1999

Ciprus Art, Gerona.

Galería Metta, Madrid.

Galería Rosalía Sender, Valencia.

2000

Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber, Caracas.

Fundación Marcelino Botín, Santander.

Galería Teresa Cuadrado, Valladolid.

2001

Centro Cultural Casa de Vacas, Madrid.

2002

Banco Zaragozano, Zaragoza.

Galería Senda, Barcelona.

Galería Metta, Madrid.

2003

Obra gráfica, Galería Amaga, Avilés.

Kuala Lumpur, Malasia (póstuma). 

Obras Públicas

 

“El regreso de Williams B. Arrensber”, 1993, Plaza Porlier, Oviedo.

“Exaltación de la manzana”, 1996, Parque Ballina, Villaviciosa, Asturias.

“Los libros que nos unen, homenaje a Emilio Alarcos”, 1999, calle Emilio Alarcos Llorach, Oviedo.3

“Homenaje a Santiago Roldán”, 1999, Parque de Carlos V, Barcelona.

“Equipaje de ultramar”, 2000, Puerto Rosario, Fuerteventura.

“Culis monumentalibus”, 2001, Calle Pelayo, Oviedo.

“Escultura”, Museo de Escultura al Aire Libre de Alcalá de Henares.

 

Esculturas en otros lugares públicos

 

“El Viajero”, 1992, Estación de Atocha, Madrid.

 

Obras en Museos y otras Instituciones

 

Ayuntamiento de Oviedo

Ayuntamiento de Zamora

Banco Herrero

Biblioteca Nacional, Madrid

Caja de Ahorros de Asturias, Oviedo

Caja San Fernando, Sevilla

Colección de Arte Contemporáneo AENA, Madrid

Colección de Arte Fundesco, Madrid

Colección de Arte Gráfico del Ministerio de Trabajo, Madrid

Colección Escultura Contemporánea de RENFE, Madrid

Colección Testimoni, la Caixa. Barcelona

Fundación Archivo de indianos, Colombres, Asturias

Fundación Camilo José Cela, Marqués de Iria Flavia

Fundación Pilar i Joan Miró, Palma de Mallorca

Fundación Juan March, Madrid

Galleria Nazionale d’Arte Moderno, Roma

Junta General del Principado de Asturias, Oviedo

Museo de Arte Contemporáneo ACA, Tenerife

Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá, Colombia

Museu d’Art Comtemporani de Villafamés, Castellón

Museo de Bellas Artes de Asturias, Oviedo

Museo del Dibujo “Castillo de Larres” Huesca

Museo de escultura al aire libre, Alcalá de Henares, Madrid

Museo del Grabado Español Contemporáneo, Marbella, Málaga

Museo Internacional de Arte Contemporáneo de Lanzarote

Museo Internacional de la Resistencia Salvador Allende, Chile.

Museo Municipal, Madrid

Museu Nacional de Bangladesh, Dhaka

Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid

Museo Taurino, Madrid

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